Hablar de los sentimientos no es nada fácil, y mas complicado se nos hace aún si pienso que esto es real.

La primera semana me he sentido como en una nube, soy consciente de lo que sucede, y consciente de lo que va a suceder, pero algo me dentro de mi tiene la pequeña esperanza que esto no este pasando, el ambiente que respiro en casa tampoco es nada bueno en estos momentos, no puedo llorar, o contar lo que me preocupa, si lo hago mis padres están mal entonces no puedo permitírmelo.

La relación es extraña, ellos actúan como que no sucede nada, y yo intento creer que realmente no sucede nada hasta que llega la hora que soy consciente de que esto es real y me entra la mala leche provocando que la relación en casa sea cada vez mas espesa.

Había pasado de poder hacer todo a no permitirme ni quitar la mesa, o agacharme o hacer un esfuerzo de mover un mueble … eso me hacía sentir tan inútil, mi familia lo hacía por mi bien pero a mi no me sentaba nada bien, que tuviera un linfoma no implicaba que pudiera hacer cosas que antes hacia pero entiendo que tal vez mi familia estaba mas asustada que yo y por eso justifico su comportamiento.

Todas las noches cuando mi madre pensaba que estaba dormida entraba a mi habitación y se acercaba a mi cama, cuando se aseguraba que estaba bien salía de la habitación. Cuantos paseos dará todas las noches de su habitación a la mía, lo está pasando tan mal y le es tan complicado mantener la sonrisa que ya la mía se ha convertido en tristeza. Y lo peor de todo es que lo llevo dentro y no me atrevo a hablar.

Solo puedo hablar con una persona, esa persona es la única con la que realmente puedo explotar, contar mis dudas, mis miedos, mis pensamientos … Se que antes o después esto nos va a perjudicar la parte enferma de la pareja soy yo, y él es la parte sana que sin comerlo ni beberlo le ha tocado vivir esto en primera linia de batalla, pero no podemos hacer otra cosa, ha venido así.

Hoy he paseado por el paseo que hay en la puerta de casa, este paseo esta muy transitado por que diariamente pasean por aquí todas las personas que cogen el tren diariamente, pero mi paseo no ha sido nada agradable, estoy empezando a tener pensamientos que antes no tenía o no pensaba.

He pasado unas cuantas horas sentada en un banco de ese paseo mirando atentamente a la gente que pasaba, pensando por que ellos eran tan felices y yo no, o por que ella tiene esa melena y a mi me va a caer, o pensando en lo mal que me tendría que haber portado para que me tocara este premio. Nunca había pensado esto y ahora parecía que no lo podía sacar de mi mente, ni podía evitar mirar el pelo de todas las chicas con las que me cruzaba.

Las personas somos así, nos gusta tener el control de todo, de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestro cuerpo … pero …¿que sucede cuando no es así? ¿que sucede cuando perdemos el control?. No nos gusta pasar por algo que no controlamos, y esto era algo que yo no controlaba. Iban a pasar cosas debido al efecto secundario del tratamiento que yo no iba a poder controlar que no podía hacer nada para evitar que sucedieran y creo que esto aun me ponía mas nerviosa, aún me alteraba mas y me rebotaba en contra del mundo, de dios, de las personas …

Esto es lo que suele suceder cuando algo se escapa de nuestro control, cuando no podemos decidir que va a pasar, o que vamos a hacer por que en estos momentos la enfermedad decidía por mi. Daba igual que yo me quisiera ir a una playa desierta y perderme allí, por que el linfoma no me iba a dejar, daba igual que quisiera irme a correr o a hacer otro deporte por que el linfoma no me iba tampoco a dejar, y eso me sacaba de mis casillas. A partir de ese momento ya no era yo la que decidía por mi vida, era el linfoma.

Se habían acabado tantas cosas, iban a cambiar otro tanto que ni yo misma era capaz de reconocerme en mis pensamientos, como iba mucho mas allá en años incluso pensando muchas posibilidades que en este momento ni sabía, aún no había pasado por la operación así que tenía la esperanza de que todo fuera un error, y estaba adelantando acontecimientos a los que tendría que tener espera durante una semana más.

Anuncios

El despertar de la mañana siguiente a la fatal noticia no fue mucho mejor, había pasado la noche entera sin dormir dando vueltas en la cama y pensando en las mil posibilidades que se me venían encima. Por mucho que lo intentaba no podía quitar de mi mente la imagen de mi madre arrinconada en aquel rincón. Cuando despiertas esa primera mañana, la sensación es de un dolor de cabeza increíble y algo de mareo como si hubiera estado toda la noche de fiesta y al día siguiente tuviera una resaca increíble, pero esta vez la resaca era por una cosa distinta.

El primer pensamiento al despertar, es “tengo cáncer”, el siguiente pensamiento es “¿seguro que no estoy soñando?”, cuando pasan los minutos te das cuenta que efectivamente no estás soñando y que todo es real tan real que no puedes llegar a asumir lo estás viviendo.

Después de hacer todas mis conjeturas mentales y intentar pensar que era un mal sueño, me levante de la cama como pude. Tenía miedo de salir de mi habitación y ver el panorama que me iba a encontrar, me enfrentaba a mi primer día y ya desde el primer despertar no había sido nada fácil.

Recorrí el pasillo hasta llegar al comedor y allí estaba mi hermana, sentada en uno de los sofás y su gran sonrisa. Asomé la cabeza por la puerta pensando si entrar y sentarme o volver a la habitación a esperar que todo fuera un sueño. Algo me empujó a entrar, y una vez dentro ya no podía tirar atrás, me senté a su lado y sin mediar palabra y nos abrazamos las dos. No hicieron falta las palabras por que con la mirada nos lo dijimos todo.

– ¿Tienes miedo?
– No lo se, estoy como en una nube, me duele mucho la cabeza y no acabo de creer lo que está pasando.
– Va todo muy rápido ¿Verdad?
– Si, tal vez demasiado
– Por ahora no tienes que hacer tus tesis, piensa que si realmente es un Linfoma te ha tocado el mejor cáncer que te pueda tocar.
– ¿Pues podría no haberme tocado nada?
– Pero te ha tocado este, y eres afortunada aun que pienses que no, piensa que de pulmón, páncreas, o cualquier otro órgano como el pecho habría sido peor, y el Linfoma tiene un 99% de posibilidades de cura.
– No lo se, es que no acabo de asumir lo que está pasando.
– Entonces es cosa de tiempo. Date tiempo, todo el tiempo que necesites.

Esa conversación me tranquilizó pero yo seguía pensando que no era real y que algún error se había cometido.

Pase la mañana hasta la tarde con mi terrible dolor de cabeza, tenía los ojos hinchados como si me hubiera picado un mosquito y lo peor aún no podía parar de decirme mentalmente que tenía cáncer pero peor aún, era pensar como iba a dar la noticia. Mis amigas no sabían nada y no sabía como encauzarlo, como decirlo. Tal vez debería de esperar a la operación para decirlo pero no estaba muy segura. Es muy difícil decir a la gente que quieres que tienes cáncer, y más difícil aún cuando ni siquiera tú sabes por que esta pasando esto, o piensas que no es real.

El primer encuentro, lo tuve con Iván, tenía que afrontar de nuevo la noticia, era más duro aun porque solamente estábamos juntos unos tres meses y algo así no es plato de gusto de nadie, y menos aún cuando no conoces al 100% a la persona y así que esto cada vez, se me hacía más y más complicado.

Cuando lo vi entrar por la puerta de aquella cafetería se me calló el mundo al suelo, no sabía que decirle, como contárselo, intente que alguna palabra saliera de mi boca pero ni siquiera fui capaz de decir hola, se sentó a mi lado y sin mediar palabra me dio un enorme abrazo. Yo lo mire a los ojos y vi una tranquilidad increíble y una serenidad que ni siquiera yo, había podido conseguir aún, se reclino hacia mi lado y susurrándome al oído me dijo

– Esto lo vamos a superar, y lo vamos a hacer juntos.

Las lágrimas ya caían sobre mis mejillas y si antes no podía mediar palabra ahora mucho menos. Según fue pasando la tarde me fue tranquilizando la idea que un mal trago ya lo había pasado pero ahora me quedaba el peor, el de mis amigas.

Pase la tarde intentando imaginar como sería, como lo diría, no creo que quedara bien decirlo de golpe, en ese momento mientras pensaba cual sería la mejor frase la más suave me suena el móvil. Me saltó el corazón cuando vi en la pantalla del móvil que era mi amiga Jessica la que estaba llamando. Ella sabía que me tenían que hacer un TAC y todo lo que había estado pensando durante la tarde se me fue en dos segundos.

– Hola, ¿Cómo estas?
– Bueno, bien …
– ¿Bien?, ese bien no me gusta ¿qué pasa?
– Nada … nada
– ¿Seguro?
– Si, si seguro no pasa nada.
– Entonces quedamos hoy.
– No, es que no me apetece mucho.
– ¿Qué pasa? Te noto rara.
– Solo pasa que ya tengo los resultados del TAC … y …
– ¿Y que …? ¿Qué pasa?
– Jessi, que tengo cáncer.

El silencio se hizo durante unos interminables segundos, solamente se me escuchaba a mi suspirar ya que no aguante más y me puse a llorar.

– ¿Qué? ¿Cómo que tienes cáncer?
– Que si .. eso ha salido en TAC tengo un Linfoma.

De fondo escuchaba a Lourdes preguntar una y otra vez ¿Jessica que pasa? ¿Qué pasa? …

– ¿Dónde estás?
– No, dejaló no vengas.
– ¿Cómo que no vaya, dime ahora mismo donde estás que vamos a verte?
– Que no, que no hace falta.
– Que me lo digas, vamos a ir quieras o no quieras.
– Estoy en casa
– Vale, esperaros ahí que ahora vamos.

Cuando colgué pensé que entre todas las formas de decirlo había elegido la peor, Jessica no se merecía que se lo contara por teléfono y la había echo pasar un mal trago, ella es la más sensata de todas, es la enfermera y es la que siempre pone la linia, para lo bueno y para lo malo nada no tiene arreglo con ella, nada es malo, por que siempre buscará una solución. Me choco mucho escuchar su voz, serena… seguro que estaba pensando en que tenía que calmarse y no mostrar el miedo hacía mi, yo no se lo que paso cuando esa llamada se colgó, pero puedo imaginarlo.

Al llegar bajo de casa y verla esperando en el portal, corrí hacia ella … otra vez se hizo ese terrible silencio, Iván se alejo un poco como no queriendo molestar nuestro momento, y ninguna de las dos nos decíamos nada, yo empecé a llorar y ella me secaba las lagrimas con sus dedos, diciéndome una y otra vez que ella estaba ahí, y que esto lo vamos a hacer todo juntos. Gracias a toda la gente que estuvo ese primer día, fue mucho menos terrible de lo que pensaba, me sorprendió la serenidad de mi hermana, la de Iván, la de Jessica … se comportaron como si lo que sucedía no tuviera importancia, o no más de la debida ya que lo último que querían era que yo me asustara al verlos a ellos asustados.

Amelie

Pensaba que nunca llegaría la mañana del TAC, y mucho menos si no paraba de pensar como era la máquina o que pasaría. Me daba miedo pensar que la máquina era como la de la resonancia con una sensación de claustrofobia increíble, pero como me había prometido no buscar en Internet esta vez lo iba a cumplir.

Nunca he estado enferma, ni nunca me habían echo pruebas, y mucho menos un TAC, así que ya me estaba empezando a imaginar como una paciente de House, en uno de los episodios en los que nunca sabe lo que tiene y empieza a hacerle pruebas y pruebas hasta que casi la mata, y finalmente la cura.

Así que allí estaba yo, en aquella sala de espera fría, triste, y sin saber que era lo que me iba a pasar, intentad hacer este simple ejercicio, entrad en una sala solitaria, oscura, triste, fría y estaros allí, solos, sin saber lo que sucederá o que os harán … os aseguro que vuestras mentes irían a mil por hora pensando en mil cosas distintas.

Al rato sale la enfermera, y me da una botella de un litro aproximadamente con un liquido.
– Toma, poco a poco tienes que beberte todo lo que hay en la botella
– Bueno … yo ya con cara de resignación
– ¿Eres alérgica al yodo?
– No
– Entonces te bebes la botella y dentro de nada vengo a por ti.

Cerró la puerta y me dejo allí, con la botella y mi baso no tenía más remedio o me lo bebo o me lo bebo, así que me senté en una de las sillas abrí la botella, me llene el baso y le di el primer sobro. ¡Dios! ¡Esto está asqueroso!, tenía como un sabor a anís amargo, y un olor asqueroso y lo peor de todo es que me lo tenía que beber todo sin dejar nada. Pensé en más de una ocasión en tirar el liquido en una planta que había allí que estaba algo seca, mirando la parte buena el liquido no creo que le hiciera daño con lo seca que estaba.

Al rato vuelve a salir la enfermera, y esta vez viene a por mi y yo con el liquido sin beber, entré con ella en la sala, me miro la botella pero como la conocía me dejo beber solo la mitad y no entera, mientras estaba allí que me lo bebía que no, me puso la vía en la mano.

– Esto es para el contraste, entrará por aquí cuando te pongamos en la máquina. ¿Te molesta?
– No de momento no me molesta
– Vale, esto acaba en nada ya lo verás, en nada te estoy quitando la vía, entra en la habitación de al lado y quítate la ropa de cintura para arriba.
– ¿El sujetador también?
– Si, todo, si llevas pendientes collares o cadena quítatelo también, y cuando acabes te pones este pijama

Como pude, empecé a quitarme la ropa, era muy complicado intentar quitarte un suéter con una vía en la mano y contando que cada vez que me rozaba veía las estrellas, me puse aquel ridículo pijama abierto por detrás y salí de nuevo a la sala y me apoye en la repisa de la ventana.
En ese momento empecé a escuchar la voz de una mujer chillando bastante angustiada ¡Madre mia! Estaba en la sala del TAC por que se lo estaban haciendo, ¿tanto dolía eso?, mire a la enfermera y se conoce que con mi cara de susto que yo puse me lo vio todo sin que yo hablara.

– Tranquila, no pasa nada es una mujer que tiene problemas de depresión.
– Ya, ¿y por eso chilla?
– Pues supongo, aquí no pueden entrar familiares y esta mujer tiene cáncer.
– Am bueno entonces será por eso.

¿Cáncer? Pobre mujer, con depresión y encima con cáncer. Es un mal trago para todo el mundo pensé. Pero mientras intentaba pensar que no era nada, seguía escuchándola y cada vez más fuerte. Escuchar chillidos y no ver lo que pasa es horrible por que no puedes hacerte a la idea de la situación y la imaginación juega muy malas pasadas. Finalmente salió la mujer de la sala bueno por lo menos la veo bien, no la veía como yo me la imaginaba al chillar tanto.

Al salir ella me tocó mi turno así que entre en la sala, nada más entrar suspire profundamente al ver la máquina no era un tubo cerrado. Era una camilla y con un aro que pasaba por dentro. Por lo menos no me dará claustrofobia.

– Bueno túmbate en la camilla y estira los brazos hacia arriba. ¿Tienes frió?.
– Si, un poco.
– Ahora te traeré una manta.

En ese momento salió una mujer que era la técnico en rayos.

– Hola ¿Te acuerdas de mi?
– Ummm, no
– ¿No te acuerdas que fui yo quien te hizo las placas y la ecografía?
– Ah si, si, mira te voy a hacer yo el TAC tranquila que no pasa nada. Cerró la puerta y desapareció en la sala.

No me lo podía creer, todo me tenía que pasar a mi, esa mujer me asustó mucho con la ecografía y ahora me tocaba en el TAC. Mientras pensaba esto se pone la máquina en marcha, hacía un ruido horrible y parecía que iba a despegar, todo sería normal si no hubiese empezado a notar como si las venas me quemaran y una sensación rara como si me estuviera orinando. Me asusté por que no sabía si tenía que sentir eso, pero en ese momento volvió a salir de nuevo la técnico en rayos.

– Bueno nena, no te preocupes por que efectivamente los tienes por dentro hasta la altura del pecho, esto con medicación te lo vamos a curar y muchas mujeres se han muerto de abuelitas y de otra cosa de esto no, dijo acariciándome el pelo.

No me dio tiempo ni a pensar ya que volvió a desaparecer de la sala. ¿Medicación?, ¿qué medicación? ¿aspirinas?, no entendía nada, sale me dice esto se va y me deja aquí sola.

– Ya hemos acabado, puedes levantarte, espera que te ayudo
– Gracias.
– ¿Desde cuando lo sabes?
– Pues no lo se, en realidad me lo vio la fisioterapeuta pero no entiendo nada de lo que pasa.
– Ya … siéntate aquí, que te voy a quitar la vía.

Mientras me quitaba la vía pensaba en lo que me había dicho antes, y de pronto se me empezaron a empañar los ojos, estaba asustada, y con la mente en blanco. Me vestí salí de la sala y caminé por el largo pasillo, y abrí la puerta que accedía a la sala donde estaban esperándome mis padres. Al abrir la puerta a la primera persona que vi fue a mi madre y en ese momento como si una fuerza me empujara hacia abajo, me arrodille en el suelo y rompí a llorar. No podía explicar que me habían dicho a mis padres, por que prácticamente no podía ni hablar.

Viendo la situación mis padres decidieron ir a hablar con la médico, así que volvimos a entrar de nuevo en la sala a hablar con ella.

– Hola es que mi hija ha salido muy mal y no sabemos lo que ha pasado.
– Pues miren, su hija tiene los ganglios inflamados hasta la altura del tórax y vamos a tener que medicarla.
– ¿Medicación de que tipo? Pregunté rápidamente
– Medicación en goteros.
– ¿En goteros? Entonces eso es quimioterapia. No se como dije esto muchas medicaciones se suministran en goteros y no tiene por que ser quimioterapia pero salió de mi boca
– Si.
– ¿Entonces, lo que tengo es cáncer?
– Si, tienes un Linfoma de Hodking pero me hace falta ver de que estadío.

En ese momento se hizo el silencio en la sala, me quede mirándola y no reaccionaba. No paraba de pensar en lo que me acababa de decir o mejor dicho no podía creerlo.

– Entonces, ¿Se me caerá el pelo?
– Pues todo depende del tratamiento pero normalmente Si.

Ese si fue peor que el anterior, si ya no podía asumir que tenía cáncer menor que me iba a quedar sin pelo, así que decidí subir a la consulta de hematología y preguntar a la hematóloga.

Mientras esperaba apoyé la cabeza en el hombro de mi padre, con la mirada perdía, no podía ni pensar era como si me hubiese bloqueado, no tuve que esperar mucho al rato entre en la sala.

– ¿Qué sucede? ¿por qué vienes llorando?
– Es que vengo de la sala el TAC y me han dicho bajo que tengo los ganglios hasta el tórax.
– No te tendría que haber dicho nada, por que hasta que no te operemos no podemos saber si lo tienes o no lo tienes
– ¿Pero lo que tengo que es?
– Probablemente un Linfoma de Hodking
– Pero eso ¿es cáncer?
– Si.

Al escuchar el si mire a la esquina de la consulta donde estaba mi madre apoyada, su mirada lo decía todo, ¿cómo podía volver a pasar esto otra vez? Primero mi padre y ahora yo. Nunca había visto esa mirada en mi madre, esa sensación de rabia, tristeza, impotencia. Desvié la vista apoye los brazos en la mesa y deje caer mi cabeza encima.

– Tranquila no pasa nada, esto se cura y tu te vas a curar.
– ¿Cuánto tratamiento necesito?
– No lo sabemos primero tenemos que operar.
– ¿Entonces me va a caer el pelo?
– Todo depende de la cantidad y el tipo de tratamiento que necesites pero probablemente si.

El pelo, algo que me había costado tanto tener largo ahora me iba a caer por que si, por que a alguien le había dado la gana castigarme con este regalo. ¿Tan mal me había portado?, ¿por qué me tiene que pasar a mi y no le pasa al los demás? .. todas las preguntas eran preguntas echas en vano por que por mucho que lo pensara no tenían respuesta. Retumbaba una y otra vez en mi cabeza la idea de que yo no podía tener Cáncer, soy demasiado joven tengo mucha vida por delante, no me puede estar pasando esto, ¿cómo se lo voy a decir a mi novio?, ¿cómo les digo a mis amigas que tengo cáncer? Y lo peor de todo si yo con mi novio solamente llevo tres meses ¿cómo le digo que ha pasado una cosa de este tipo?. No podía parar de hacerme preguntas, no podía parar de hacerme mis tesis y de pensar que iba a ser de mi vida a partir de ahora.

Salí del hospital con la mente en blanco, realmente no recuerdo como llegue a casa con mis padres. Una vez allí tuve que dar el primer paso, contarle a mi novio lo que había sucedido y que tenía cáncer, creo que ha sido uno de los momentos más difíciles de mi vida, no sabía por donde empezar, no sabía como decirlo, tenía miedo a su respuesta o a cómo se lo iba a tomar. Cuando me atreví me lance y se lo dije, se hizo un silencio increíble ni yo sabía que decir ni él tampoco. Supongo que a mi tampoco me quedaban más palabras que decir ya las había dicho todas.

– No pasa nada, no te preocupes por que lo vamos a superar juntos.
– Si pero no me puede estar pasando a mi y menos ahora, tengo tantas cosas que hacer que no puede pasarme esto ahora no.
– Ha pasado por que tenía que pasar, no te preocupes, ya veremos que es lo que sucede y como no adelantes acontecimientos, se superara y quedará como una historia mas.

Soy totalmente consciente que aquella noche, mi madre se encerró en su habitación para que no la viera llorar, y mi padre … bueno mi padre fue el que más me impresionó, se comportaba como si yo volviera a la infancia. Ese día se sentó en el sofá me sentó en sus piernas como cuando era pequeña y me dijo;

– Si tuviera una varita mágica y fuera mago, haría un truco para pasar lo que tu tienes a mi, solamente para que tu no sufrieras, para que tú no tuvieras que pasar por esto.
– Si lo vamos a superar, no pasa nada ya has escuchado al médico que no hay de que preocuparse.
– Si hija, pero quiero que sepas que los papas darían cualquier cosa hasta la vida por salvar la tuya.

Esa frase se me quedó en la mente, incluso me fui a dormir con ella con un dolor de cabeza increíble como si hubiera estado de borrachera la noche anterior y ahora tuviera resaca, la sensación en casa era tan rara … era tan distinta, mi madre se escondía para que no la viera y mi padre se iba de casa para llorar sin que yo tuviera que presenciarlo, esa noche, la noche más larga de mi vida, fue la noche más extraña que he vivido nunca, con el pensamiento de que ese día a algunos les había tocado millones de euros y a mi me había tocado la experiencia mas cruel y dura que se pueda vivir en una vida.

Se me hacía extraño estar en la sala de espera de Hematología, en realidad no tenía claro ni por que estaba allí. Había una cola interminablemente larga de gente mayor que probablemente estaban allí para hacerse las pruebas del sintrón, pero estaba claro que yo no tenía nada que ver con esta gente mayor, era la única chica joven de aquella sala de espera, y de aquella interminable cola. Las horas pasaban y a cada hora entraba una persona y salía otra, y allí estaba yo sentada en la silla de espera jugando con mis pies, como si de una niña pequeña se tratase.

Todas las horas de espera dan para mucho, miraba a mis padres y los veía con una cara de tranquilidad increíble, no entiendo como podía estar tan tranquilos, yo tenía miles de preguntas que nadie me contestaba, y si me contestaban no entendía nunca nada.

Al final parece ser que llega mi turno.

– Hola, siéntate que te voy a explorar, te quitas la ropa y te sientas en esta camilla. ¿Has tenido fiebre últimamente?
– No
– ¿Has adelgazado muy rápido sin explicación alguna?
– No, siempre estoy delgada mi constitución es así puede que un kilo más o un kilo menos pero lo normal.
– ¿Sudas por la noche hasta empapar las sabanas?
– No
– ¿Has notado algún otro bulto a parte de este que tienes en el cuello?
– No
– Entonces en ese caso, vamos a hacerte un TAC y un análisis sangre para ver que tal están los niveles. Marca la casilla de VIH, ordenó a la enfermera que allí habia.
– ¿VIH?, ¿Ese no es el virus del Sida?
– Si pero no te preocupes, es un trámite normal, tienes buen color y estás muy hidratada por lo tanto no creo que seas portadora del Virus.
– ¿Entonces?
– Simple protocolo, puedes estar tranquila y vestirte que ya hemos acabado.
– ¿Entonces no tengo que preocuparme?
– No, incluso en el caso de que tuvieras un Linfoma de Hodking tampoco tendrías que preocuparte.

¿Un Linfoma de Hodking?, no había escuchado esa palabra en la vida. Mientras salía de la consulta iba prometiéndome a mi misma que cuando llegara a casa no miraría en Internet, pero la promesa solo me duro hasta que abrí la puerta de casa, encendí el ordenador abrí google y busque. El resultado de la búsqueda no me gusto nada, misteriosamente describía como síntomas fiebre alta, reducción de peso, sudoración nocturna, todas me las habían preguntado durante estos días. Rápidamente llegue a una conclusión sin leer más, si yo no tenía ninguno de estos síntomas no tenía la enfermedad por lo tanto cerré la página y decidí no leer más.

Hace unos días mi fisioterapeuta, me detectó un bulto en el cuello.

¿Por que me tendría que asustar?, seguro que era un quiste que se opera y se acabo la historia. Con esa idea en mi cabeza, deje pasar unos cuantos días, total era algo sin importancia que con una simple operación desaparecería.

Finalmente después de ruegos y ruegos por parte de mis padres, decidí ir al médico para que me contara, que aquello era un quiste y no había de que preocuparse o por lo menos eso esperaba yo escuchar.

–                   Bueno, parece que es un ganglio linfático inflamado y vamos a mandarte hacer una ecografía y una radiografía de la zona pulmonar.

–                   ¿Una radiografía? ¿para que?.

–                   Mira, lo que tienes inflamado es un ganglio linfático, estos se inflaman para defenderse de las infecciones que pueda tener el cuerpo o que puedan tener los pulmones. ¿Has tenido fiebre?

–                   No

–                   ¿Has adelgazado de peso de forma rápida últimamente?

–                   No

–                   ¿Sudas por las noches?

–                   No

–                   Entonces no te preocupes, vamos a realizar las pruebas y ya veremos los resultados.

Salí de allí mas preocupada de lo que entre, no entendía nada, ¿cómo voy a tener una infección si no estoy constipada, ni tengo gripe? No entiendo nada, y lo peor de todo esto es que nadie me explica nada de forma entendible.

Al final, me llega mi turno para la ecografía.

–                   Parece ser que tienes muchos más por abajo.

–                   ¿Muchos más?

–                   Si, bajo de la clavícula tienes algunos mas inflamados

–                   ¿Pero es normal?

–                   ¿Hasta que no hagamos la radiografía no lo sabremos.

Directamente pase a la sala de radiografías, y mi mente empieza a dar vueltas y vueltas al tema. Cuando te quedas solo y en silencio, empiezas a pensar y a asumir 20.000 posibilidades distintas a una velocidad de vértigo, sin darte cuenta lo haces. Igual que yo estaba haciendo, ¿y si mis pulmones no estaban bien?.

Lo malo de todo esto, es que nadie llega a explicarte de forma clara lo que sucede, te dejan unos días entre prueba y prueba te explican cuatro cosas pero nadie te dice que es lo que está sucediendo claramente, entonces es inevitable que empieces a hacer combinaciones, que empieces a montar un puzzle con muchas piezas en tu cabeza.

Cuando llegaron los resultados, tampoco me explicaron nada, su única respuesta fue que iban a derivarme a especialidades en este caso a Hematología. Ya la cosa empezaba a sonar rara, ¿hematología? No entiendo nada, que tenía que ver algo que parecía un quiste con Hematología. Estaba mucho más confundida que al principio, y lo veía todo más negativo. Todo esta pasando tan rápido que prácticamente no me da tiempo a asumir lo que pasa.